lunes, 29 de junio de 2009



El reino de la Luna era la noche.
Se quedaron alrededor de la hoguera, conversando de los asuntos más banales del mundo, y Brida tuvo la sensación de que había sido convidada para un té de comadres, diferente sólo en el escenario.
Cuando el cielo se cubrió de estrellas, no obstante, el ambiente cambió. No fue necesaria ninguna orden por parte de Wicca; poco a poco, la conversación fue lan­guideciendo y Brida se preguntó a sí misma si sería ahora cuando estaban reparando en la presencia del fuego y del bosque.
Después de algún tiempo en silencio, Wicca habló: -Una vez al año, en la noche de hoy, las brujas de todo el mundo se reúnen para rezar una oración y ren­dir homenaje a sus antepasados. Así lo manda la Tradi­ción; en la décima luna del año debemos reunirnos en torno a la hoguera, que fue vida y muerte de nuestras hermanas perseguidas.
Wicca sacó de su manto una cuchara de palo. Aquí está el símbolo -dijo, mostrando la cuchara de palo a todas.
Las mujeres permanecieron de pie y se dieron las manos. Entonces, levantándolas hacia lo alto, escucha­ron la oración de Wicca.
-Que la bendición de la Virgen María y de su hijo Jesús caiga sobre nuestras cabezas esta noche. En nues­tro cuerpo duerme la Otra Parte de nuestros antepasa­dos; que la Virgen María nos bendiga.
Que nos bendiga porque somos mujeres, y hoy vivi­mos en un mundo donde los hombres nos aman y nos entienden cada vez más. No obstante, tenemos aún en el cuerpo la marca de las vidas pasadas y estas marcas duelen todavía.
Que la Virgen María nos libre de estas marcas y apague para siempre nuestro sentimiento de culpa. Nos sentimos culpables cuando salimos de casa, porque estamos dejan­do a nuestros hijos para ganar su sustento. Nos sentimos culpables cuando nos quedamos en casa, porque pa­rece que no aprovechamos la libertad del mundo. Nos sentimos culpables por todo, y no podemos ser culpa­bles porque siempre estuvimos distantes de las decisio­nes y del poder.
Que la Virgen María nos recuerde siempre que fui­mos nosotras las mujeres, las que permanecimos junto a Jesús en el momento en que los hombres huyeron y negaron su fe. Que fuimos nosotras quienes lloramos mientras él cargaba la cruz, que permanecimos a sus pies en la hora de la muerte, que fuimos nosotras las que visitamos el sepulcro vacío. Que no debemos tener culpa.
Que la Virgen María nos recuerde siempre que fui­mos quemadas y perseguidas porque predicábamos la Religión del Amor. Mientras las personas intentaban parar el tiempo con la fuerza del pecado, nosotras nos reuníamos en las fiestas prohibidas para celebrar lo que aún había de bello en el mundo. A causa de esto, fuimos condenadas y quemadas en las plazas.
Que la Virgen María nos recuerde siempre que, mien­tras los hombres eran juzgados en la plaza pública a causa de disputas de tierras, las mujeres eran juzgadas en la plaza pública a causa de adulterio.
Que la Virgen María nos recuerde siempre a nuestras antepasadas, que tenían que vestirse de hombre, como Santa Juana de Arco, para cumplir la palabra del Señor. Y aun así, morimos en la hoguera.
Wicca apretó la cuchara de palo con las dos manos y extendió sus brazos hacia adelante.

-Aquí está el símbolo del martirio de nuestras ante­pasadas. Que la llama que devoró sus cuerpos mantenga siempre encendidas nuestras almas. Porque ellas están en nosotros. Porque nosotras somos ellas.
Y tiró la cuchara de palo a la hoguera.

Brida, Paulo Coelho

No hay comentarios:

Publicar un comentario